La responsabilidad educativa: correlación maestro-alumno



El post de hoy va dirigido a un tema que genera polémica y controversia, la responsabilidad educativa ante la aplicación del castigo. Dicho asunto me parece de gran importancia y del que deberíamos reflexionar detenidamente. 

El mantenimiento del equilibro y una buena armonía en el aula, en múltiples ocasiones, puede resultar complicado para el maestro o profesor. 

Cada alumno cuenta con su propia idiosincrasia, por lo que no es tarea sencilla lograr que todos los alumnos atiendan y aprendan. Esto conlleva que en ocasiones el docente utilice ciertos castigos para lograr o buscar conseguir este mencionado equilibrio, en ocasiones de forma errónea al no tener en cuenta al alumno y pensando solamente en volver a restablecer la paz en el aula. Si nos paramos a analizarlo, esta situación se volverá a repetir, se tendrá de nuevo el problema a largo plazo ya que aunque se elimine la conducta momentánea si no se modifica el comportamiento y la mala actuación, solo será un parche educativo sin duración.

Debemos preguntarnos qué finalidad buscamos al aplicar el castigo: ¿Continuar con la clase gracias a una recompensa instantánea, pero de corta duración, o consecuencias establecidas por maestro-alumno, donde el niño o niña conozca el resultado que habrá después de una conducta determinada? Sin duda, debemos buscar esta última acción. Solamente de este modo el alumno podrá anticipar el posible mal comportamiento y tener la responsabilidad para poder comportarse adecuadamente y evitar las consecuencias que él mismo pactó con el profesor o maestro.

El castigo en educación ha sido considerado en muchos estudios como una herramienta poco didáctica, aunque como ya hemos mencionado, necesaria. ¿Por qué consideramos que es poco pedagógico? Porque en su mayor parte suscita en el alumnado miedo, inseguridad, falta de autonomía, rechazo y un largo etcétera de connotaciones negativas. Se expone como un modelo de enseñanza agresiva, y por lo tanto, ineficaz. Es necesario que el alumno sea consciente y conozca que ciertos actos conllevan unas consecuencias, y por ello, el docente debe enseñar, guiar y acompañar, en estas lecciones actitudinales. No podemos prescindir del castigo en sí, debemos hacer partícipes al alumnado de los códigos morales para que sean conocedores de las pautas y sus posibles efectos y sean ellos como personas autónomas y críticas los que tomen sus decisiones en función de los conocimientos adquiridos.

Esta situación se está revirtiendo en los últimos años, pero todavía se debe concienciar a muchos alumnos, profesores e incluso padres para que no se vuelva a errar en un problema que lleva años instaurado. Cuando buscamos eliminar la mala conducta para restablecer la clase, cuando no tengamos en cuenta al alumno, cuando no se hable del porqué del castigo, cuando se emplee el castigo de manera indiscriminada debido al desbordamiento de la situación, cuando no se busque el origen real del problema y cuando no se tomen medidas a largo plazo, solo conseguiremos una acción instantánea que no beneficiará ni al alumno ni al profesor y que muy probablemente se vuelva a dar con el paso del tiempo. 

Ahora, a reflexionar!






Comentarios

Entradas populares de este blog

Guía para hacer un buen decálogo

About me

Inclusión vs. Integración